martes, 8 de diciembre de 2015

El dolor, inspirador

Hoy, tras haber estado unos días pensando en volver a escribir, he regresado al blog y me he dado cuenta de cómo han cambiado las cosas... Pero también me he dado cuenta de una cosa un poco triste: solo escribo cuando estoy deprimida, enfadada, cuando siento añoranza... Y me duele porque, joder, creo que la alegría también debería ser inspiradora. 
Si me pongo a pensar, podría escribir entradas y entradas del blog explicando lo que siento cuando miro a los ojos a la persona que quiero, o describiendo momentos junto a personas increíbles. Sin embargo, solo entro aquí cuando creo que las cosas no van demasiado bien, cuando creo que algo falla, o que las cosas han cambiado (o están cambiando).
Y es que no hay nada que duela más que darte cuenta de repente de que ya no es lo mismo de siempre, que todo eso que antes te encantaba ha desaparecido sin saber cómo, cuándo, ni por qué. Está claro que todos deseamos que las cosas buenas duren para siempre, y está más claro aún que nada es eterno, pero cuando uno no se plantea que lo que está viviendo puede terminar, se rompe en trozos cuando eso sucede. Por todo eso, creo que es muy importante, de vez en cuando, pararse a reflexionar sobre lo que uno tiene para valorarlo, disfrutarlo, compartirlo, dar las gracias a las personas que día a día te ayudan, decir te quiero antes de que se pueden marchar y, sobre todo, disfrutar los pequeños momentos cada instante antes de que sea demasiado tarde.

martes, 22 de octubre de 2013

Ya es tarde

Después de tantos golpes, se crea un caparazón, un acto de defensa contra los impactos del amor. Ya no crees en nada, ya no quieres cuentos, no quieres relaciones ni líos que duren más de un día. De flor en flor. Picando aquí y picando allá.
Pero de repente hay una persona que te hace frenar. Te hace ir despacio, pero hace que tu corazón lata a mil por hora. Y justo cuando crees que lo pierdes, es cuando te das cuenta de que lo necesitas siempre junto a ti. De que quieres sus besos todos los días, de que podrías vivir entre esos brazos, de que te encanta su aliento en tu cuello, de que le tendrías en tu cama todas las noches. 
Y eso, no pienso cambiarlo porque a ti se te antoje un día volver para intentar cambiarme los planes. Tú ya eres pasado, y ya no te quiero querer.